La Piedra Llorosa en Sevilla

La Piedra Llorosa en Sevilla

 

En la zona de los Humeros y la Puerta Real, a final de la calle Alfonso XII, pasando la Capilla de la Virgen de las Mercedes y deteniéndonos casi al cruce con Marqués de Paradas, en el viejo altillo de las puertas del antiguo colegio de San Laureano ante el cual se alza ese sillar conocido como la piedra llorosa, a causa de que sobre él, según cuenta se sentó a llorar amargamente murmurando las palabras de “pobre ciudad…pobre ciudad”, el 11 de Julio de 1857, el entonces alcalde de Sevilla, D. Juan José García de Vinuesa, al contemplar, tras tratar de impedirlo si éxito, el fusilamiento de más de ochenta jóvenes de la ciudad en la vecina Plaza de Armas del Campo de Marte, donde luego se alzó la estación ferroviaria.

Durante el año 1857 coincidiendo con el reinado de Isabel II y estando Narváez en el gobierno, España sufrió la Primera Guerra Carlista. En esta situación, un grupo de jovénes liberalistas de Sevilla se alzaron contra el sistema impuesto y tomaron armas encaminándose al monte en dirección al pueblo de Ronda (Situado en Málaga) con la terrible desgracia de que fueron alcanzados por los regimientos de Albuera y Alcántara. Y estos, fusilaron a un gran número de estos jóvenes, el resto de chicos del grupo fueron apresados y llevados de nuevo a Sevilla.

En Sevilla, un comisionado de Narváez, Don Manuel Lassala y Solera mandó dar muerte a los presos. Pero el que era por aquella época alcalde de Sevilla, García de Vinuesa, intentó pedir el indulto para los jóvenes condenados. Pues la mayoría eran menores de edad. Sin embargo, cuando el alcalde llego a la Plaza de Armas del Campo de Marte de Sevilla, al ver la situación supo que todo estaba perdido. El alcalde desolado por la situación fue a la Puerta Real y allí se sentó encima de una piedra para calmar su pena. El hombre no pudo contener las lágrimas y rompió a llorar desconsolado por la muerte de los jóvenes y su fracasado acto de salvación.

Desde aquel día algo inexplicable sucedió en Sevilla, las lagrimas del alcalde al entrar en contacto con la fría piedra comenzó a hacer brotar agua de forma continua e inexplicable. Fue así como la piedra fue denominada “La piedra llorosa”. El alcalde estupefacto hizo poner una loza conmemorativa en la pared que se encontraba junto a la piedra que aún puede verse al final de la calle Alfonso XIII de Sevilla.

Aún puede verse en ciertos días la piedra húmeda recordando aquel fatídico día.

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